Adaptarse a una nueva realidad

Adaptarse a una nueva realidad

Una de las problemáticas que tratamos con frecuencia en IPITIA, nuestro Centro de Barcelona, es el trastorno de adaptación. Se trata de un trastorno de ansiedad que, según el DSM-V, se define como el desarrollo de síntomas emocionales o del comportamiento en respuesta a un factor de estrés identificables que se producen en los tres meses siguientes al inicio del factor estresante.

Estos síntomas son clínicamente significativos, e incluyen malestar intenso desproporcionado a las gravedad del factor de estrés y deterioro significativo en lo social, laborar u otras áreas. Estados de ánimo deprimidos y ansiedad son sus mayores indicadores.

La definición que acabamos de proporcionar, para quien no se dedica a la psicología clínica, podría crear algo de confusión y solaparse conceptualmente con otras problemáticas cómo el duelo o el estrés post-traumático. Sin embargo, analizar el concepto de adaptación desde una perspectiva más dinámica puede ayudar su comprensión.

En este sentido, podríamos definir la adaptación como el proceso mediante el cual una persona modifica sus patrones de comportamiento para ajustarse a las condiciones del medio en el que vive, a sus normas y sus códigos. No se trata de una capacidad congénita, sino de un fenómeno que se estructura paulatinamente a través de la experiencia: esto quiere decir que la adaptación se puede entrenar, o desarrollar en el momento en el que el proceso no ocurre espontáneamente.

Cuando las circunstancias externas cambian, también han de cambiar las estrategias de enfrentamiento y el vínculo con el ambiente. En falta de este cambio, la persona experimentará un conflicto interno entre lo esperado (vinculado al pasado) y el medio externo (presente), generando en la persona predicciones negativas (conscientes o inconscientes) sobre el futuro. Y el conflicto interno es justamente lo que genera los núcleos depresivos y ansiógenos.

Un ejemplo

A menudo trabajo con jóvenes adultos qué por motivos de estudio, trabajo o por probar una nueva experiencia, se mudan a Barcelona, y, aunque las circunstancias perecerían ideales, desarrollan síntomas de ansiedad y angustia clínicamente significativos. A veces estas personas se sorprenden mucho por lo que ocurre, ya que por lo menos conscientemente no le tenían miedo a la experiencia, habían tenido otras parecidas anteriormente sin experimentar ningún problema. Sin embargo, esta vez algo está fallando.

Si trabajáramos simplemente a un nivel cognitivo, posiblemente dedicaríamos esfuerzos para “dar a entender” que “en realidad” las circunstancias no son tan negativas, que se está sobredimensionando o interpretando de forma incorrecta el problema. Sin embargo, el problema en la mayoría de casos no es cognitivo sino emocional, y tiene que ver con la incapacidad temporal de establecer vínculos con la nueva realidad, y no con su incorrecta interpretación.

En falta de estos vínculos, las personas se sienten indefensas y expuestas al peligro de un ambiente amenazante, que acaba estresando el sistema nervioso, cursando con ansiedad y estados de ánimos disfóricos. Las diferentes tipologías de apego, o sea la forma aprendida relacionarse con los demás y el mundo, tienen un papel fundamental en la adaptación a una realidad nueva, y su análisis se hace necesaria y casos como estos.

Sobrevivir más que vivir

Además, sabemos que cuando el miedo domina en la vida de una persona, esta inhibe inconscientemente partes importantes de su personalidad, desplazando toda la atención hacia el medio externo, considerado amenazante, y dejando de invertir energía en el desarrollo de aquello que realmente apasiona y confiere sentido a la vida del individuo, las pulsiones y los instintos.

Es decir, en presencia de una situación nueva que desestabiliza, muchas veces se empieza a intentar sobrevivir más que vivir. Por mucho que se trate de una reacción esperable y normal, si esa sensación de esfuerzo y lucha constante perdura, eso es justamente lo que crea un bucle del que no es fácil salir, ya que agota recursos indispensables para una adaptación correcta a las nuevas circunstancias.

Entonces, en presencia de un trastorno de adaptación, para reducir la síntomatologia debemos centrarnos sobre todo en el concepto de vinculo, pero no solo, como es más obvio, con el medio externo (la nueva realidad) sino sobre todo con nuestra esencia, nuestra naturaleza primaria, las pasiones, el cuerpo, en definitiva, todo lo que nos define como individuos y nos hace ser quienes somos en realidad, que a causa del miedo interior hemos dejado de lado.

Las gafas emocionales

El ser humano tiene un tendencia innata a leer las nuevas situaciones bajo la influencias de vivencias anteriores. Es como si desde pequeños creáramos unas “gafas” a través de las que nos relacionamos emocionalmente con el mundo y las personas, y nos costara cierto esfuerzo prescindir de esas gafas.

Esta no es solo una interpretación, sino que corresponde a un preciso proceso neurológico denominado top-down processing (del que podéis encontrar una explicación en un artículo anterior) que en mi opinión tiene mucho  que ver no solo con la forma de percibir la realidad, sino con la de sentirla.

En la habilidad de poder observar esas gafas, cuestionarlas, y ponerse otras si es necesario, consiste el proceso de adaptación, o sea el proceso de vinculación con una nueva realidad. La dificultad reside en el hecho de que quitarse unas gafas para ponerse otras no es solo un proceso cognitivo, sino también emocional, ya que, en muchos casos, da miedo.

Esta es la razón por la cual con mis pacientes en la gran mayoría de casos de trastorno de adaptación, a pesar de ser contra-intuitivo, más que trabajar el vínculo con la nueva realidad empiezo trabajando el vínculo con sus propias esencias, pasiones y pulsiones primarias, ya que solo desde esa posición de seguridad y fuerza es posible tener la valentía necesaria para ajustarse a la nueva realidad y desprenderse de patrones antiguos.

De hecho, es muy común y al mismo tiempo satisfactorio poder observar como cuando la persona re-integra las partes de sí misma dejadas de lado, la adaptación a la nueva realidad se da como un proceso progresivo y natural.

Marco De Colle

Psicólogo Clínico

IPITIA

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