La jaula dorada: una vida aparentemente perfecta

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En IPITIA trabajamos diariamente con muchos pacientes afectados por trastornos obsesivos, lo cual nos permite ser cada vez más específicos en la individuación de las causas que lo generan. Contrariamente a lo que afirman los psiquiatras organicistas, el TOC no es en absoluto una enfermedad exclusivamente orgánica heredada, sino que su aparición depende de muchos factores ambientales, sociales y de personalidad. Esto quiere decir que el TOC es susceptible de remisión completa, siempre y cuando la persona esté dispuesta a adquirir un estilo de vida, por lo menos en parte, diferente.

El origen de un TOC

Tal y cómo explica Damián Ruíz (director de IPITIA y desarrollador de la metodología AFOP) en su libro “Liberar al mono, rescatar a la princesa”, la genética predispone al trastorno, pero en absoluto condena a padecerlo. Para que esto ocurra se han de dar ciertas circunstancias vitales (sobretodo, pero no exclusivamente, en la infancia y adolescencia) que actúen como detonador de estos marcadores genéticos, y estas circunstancias tienen que ver con el miedo, la represión, la inhibición y la imposibilidad de desarrollar por completo todos los aspectos de la personalidad y esencia de cada uno.

Las circunstancias con las que más comúnmente nos encontramos son el bullying, los abusos físicos o psicológicos, la sensación constante de abandono, el alcoholismo o la adicción por parte de los padres, así como las peleas constantes entre miembros de la familia, los padres excesivamente autoritarios, sobreprotectores, moralistas, religiosos, etc. En presencia de estos factores, los niños con cierta predisposición genética empiezan a generar la tendencia típica de la personalidad obsesiva y a reprimir instintos, pulsiones y componentes de la personalidad. Todo esto puede llevar a la aparición el trastorno obsesivo compulsivo.

La Jaula Dorada

Las situaciones citadas son represivas de manera muy evidente, pero existen otras circunstancias que pueden generar efectos muy parecidos, aunque de una forma más sutil. Muchas veces me encuentro en consulta con personas que, aparentemente, lo han lo han tenido todo en la vida: unas condiciones económicas privilegiadas, una infancia sin traumas evidentes, una carrera escolar excelente y, en la actualidad, un matrimonio que funciona o una vida posiblemente no apasionante pero sin problemas muy explícitos. ¿Es posible que se genere un trastorno obsesivo también en estas situaciones?

La respuesta claramente es sí. La condición de represión no se debe solo a las características de la “jaula”, sino también y sobretodo a la naturaleza del “animal” que la habita. La naturaleza de cada uno no responde a lógicas de normalidad, sino a exigencias biológicas precisas. Por usar una metáfora, un pequeño piso estará perfecto para un gatito, pero se le quedará muy pequeño a un tigre.

Individuar

Con la ayuda del psicólogo, es preciso deber de cada una de las personas que padecen TOC poder individuar los factores represivos del pasado y de la actualidad, y actuar para disolverlos, por muy difícil o doloroso que resulte admitir su existencia. En muchos casos al principio los pacientes se niegan a reconocer su condición de inhibición con respecto a su verdadera naturaleza, pero con el paso del tiempo la terapia lleva cada uno a individuar los elementos que no han tenido espacio en sus vidas. Muchas veces, de hecho, resulta más difícil salir de una condición represiva pero de “perfección aparente” que de situaciones más traumáticas, ya que para la persona esto supone enfrentarse a una sensación de culpa mayor. La culpa en muchos casos es justamente lo que no permitió a esas personas dar espacio a pulsiones más primarias.

Una vida perfecta

Podemos encontrarnos, por ejemplo, naturalezas primarias muy exuberantes pero relegadas a un excesivo sentimiento de responsabilidad y perfeccionismo. Niños que hubieran sido muy “salvajes” pero que en cambio llevan toda la vida siendo “empollones”. Personas que no paran de coleccionar éxitos laborales y económicos, cuyo verdadero deseo es viajar por el mundo y ser libres. Personas extremadamente dóciles y educadas que tienen muchas ganas de expresar su rabia de una forma contundente y no lo pueden hacer. Hombres y mujeres con un instinto sexual muy desarrollado que necesita de una canalización, y que en cambio han tenido la misma pareja sexual toda la vida o nunca se han atrevido a satisfacer sus deseos. Brillantes estudiantes de ingeniería cuya verdadera pasión es el arte y la pintura… y los ejemplos podrían seguir.

Aceptación

Hay que ser muy valientes para admitir vivir en una “jaula dorada”, para decirles a unos padres que nos lo han dado todo que ese todo no era lo que necesitábamos, para admitir que esa pareja, aunque entregada y enamorada, no es lo que anhelamos, para dejar unas condiciones que parecen privilegiadas y arriesgarse a hacer algo que nos apasiona realmente.

Las “jaulas doradas” no nos deben engañar, siempre se trata de jaulas para el instinto. Por muy perfecta que pueda parecer una vida, el sistema nervioso habla muy claro: si hay un TOC es que esa vida no es tan perfecta para la naturaleza de ese individuo.

La metodología AFOP (Activación y Focalización Pulsional) que utilizamos en IPITIA consiste justamente en la individuación, activación y canalización de aquellos aspectos de uno mismo que se han quedado bloqueados en algún momento de la vida, ya que dicho bloqueo es precisamente lo que causa la ansiedad interna responsable de obsesiones y compulsiones. Insisto, no estamos hablando de metáforas exclusivamente, sino del funcionamiento bioquímico del sistema nervioso.

Con la ayuda del psicólogo se alcanza la consciencia de todos estos elementos y la valentía para enfrentarse a ellos.

Marco De Colle

Psicólogo Clínico

IPITIA

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