El trastorno obsesivo y el peso de la culpa en las personas con TOC

 

Cuando trabajas con personas con trastorno obsesivo te das cuenta de que no puedes obviar trabajar el peso de la culpa, ya que suele ser un denominador común en la gran mayoría de personas que padecen un TOC: Sentirse culpables.

¿Qué es la culpa y por qué está tan presente en este tipo de patologías?

La culpa es la experiencia disfórica que se siente al romper ciertas reglas culturales ya sean a nivel religioso, político, familiar o del grupo de pertenencia o bien el pensamiento de cometer dicha transgresión.

La culpa tiene una función básica: hacer consciente al sujeto que comete el error para poder rectificar e incluso reparar su falta. Tiene una estructura definida: Un hecho o pensamiento que la causa, una percepción o evaluación y en consecuencia una emoción habitualmente negativa.

Hablamos de una culpa sana cuando sus efectos ayudan a adaptarse al medio, generar un constructo social y una conciencia moral que nos protege. Es importante diferenciarla de aquella que lleva a un estado destructivo, patológico, paralizante y a una emoción parecida: La preocupación, que al igual que la culpa nos moviliza en una rueda continua que no nos deja vivir el presente. “Me siento culpable por un hecho que sucedió en el pasado y me siento preocupado por lo que ocurrirá en un futuro por lo que bloqueo mi presente”. La culpa nos lleva a la insatisfacción, a la rigidez, es casi como la voz de la conciencia que se ha instalado en nosotros para interiorizar la propia autoridad exterior, “una especie de padre castrador que no tendrá que infundir miedo para que uno sea bueno.”

Una familia o entorno autoritario, exigente, inconformista, la falta de refuerzo positivo.… Todo ello unido a una alta sensibilidad y perfeccionismo son factores influyentes para crearla. Muchos pacientes dicen que sentirse culpable te hace indigno del amor, te coarta hasta limitar tu libertad.

Si queremos cambiar la culpa que mancha nuestro pasado y que no nos permite ver otros recuerdos y si queremos dejarnos de preocupar de una forma innecesaria del futuro tenemos que tomar las medidas oportunas y encontrar soluciones reales.

¿Qué hacemos con la culpa?

No podemos quedarnos con ella para siempre. Tenemos que codificarla correctamente. Reconocer el error, rectificar y generar un aprendizaje o bien distanciarnos y estudiar que provoca dicha emoción porque no hay una falta objetiva que la justifique.

Hay personas que tras la culpa esconden un fuerte sentimiento de ira, personas que son víctimas de si mismas por una baja autoestima que les lleva a sentirse culpable con mucha frecuencia como por ejemplo si no agradan a todo el mundo o personas que a causa de vivir en un entorno hostil la tiene tan interiorizada que es una respuesta automática a cualquier problema.

“En mi casa se me culpaba de todo desde que se rompiera un plato hasta de que mi madre estuviera triste” .

Tenemos que identificar la culpa sin que se confunda con otra emoción y hacer un análisis profundo, de dónde procede y cuál es la causa originaria.

En segundo lugar hay que asumir como se percibe y evalúa. Debemos modificar la percepción si es errónea para evitar consecuencias negativas porque a veces simplemente aceptando el error será suficiente. Entender el proceso y las causas nos ayudará a trabajar el conflicto que supone.

Tercero, gestionar la emoción y cambiarla por otra que sea útil y suponga un aprendizaje más que un castigo.

Hacer un buen manejo de la culpa es indispensable para afrontar una vida sana, evitar el control excesivo y pasar a la acción sin tener miedo a equivocarse.

Sergio Lara

Psicólogo Clínico

IPITIA